sábado, 25 de diciembre de 2010

Sobre la configuración de la realidad y otras cosas

Hace tiempo ya que tengo un bicho en la cabeza, que me está comiendo de a poco los sesos. Me comencé a preguntar si existe o no una realidad absoluta más allá de nuestra percepción.

Cuando supe que los insectos podían percibir la luz ultra violeta y que ven ciertos patrones en las flores que nosotros no podemos ver, o que ciertos animales tienen la capacidad de percibir sonidos bajo y sobre la frecuencia que lo hacemos nosotros me pregunté que tanto podemos decir que sabemos sobre las cosas.

Tuve la idea loca de que los objetos fuesen como hologramas, o imágenes superpuestas que configuran finalmente algo que existe externamente, algo así como capas de pintura, que de acuerdo a los lentes que uses podrás ver una, dos, tres, o todas las capas.

Quizá para algún ente perceptivo las nubes no sean esas motitas de algodón que nosotros vemos, sino un simple cúmulo de moléculas, e incluso ni siquiera eso porque podría ser que no tuviese la noción de molécula en su repertorio perceptivo...

aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!! no sé
El presente se ha vuelto borroso, como si alguien hubiese difuminado mis recuerdos y me encontrase ahora mirando con neblina en mis ojos

Todo se ha vuelto obsceno y absurdo, ya no tengo sentido de la realidad. Las horas pasan y el reloj ni siquiera se mueve un poco en el tiempo

Cuando discutimos siempre tienes la razón, y eso me confunde. He llegado a pensar que no sirve de nada discutir contigo, siempre termino enojada y tú teniendo la maldita razón de tu parte y tu estúpida lógica y falta de moral

Nos hemos vuelto obsesivos con discutirlo todo y ya ni siquiera es discusión, es una guerra en las que usamos las palabras como armas y nos ofendemos y ofendemos al resto y terminamos odiándolo todo y a todos, incluso a los perros, las vacas y los conejos. Ahora también empecé a odiar las zanahorias y su maldita forma fálica.
El otro día me dijiste que yo no entendía nada, y así sin más me pusiste una venda en la boca y obviaste todo lo que dije y podía decir, porque para ti mi opinión ya no vale nada, y sólo te importa si lo que digo está escrito en un libro o no.

Te juro que me sé a Nietzsche de memoria